Con ojos aymaras: Hacia la tradición de la lectura

14.08.2013 15:23

Hacia la tradición de la lectura

Félix Layme Pairumani

 

Hubo un plan de alfabetización en 1983 que enseñó a leer y escribir en lenguas indígenas. Entonces ni se soñaba en la tradición de lectura. Toda esa experiencia la consumió el tiempo y sus beneficiarios pasaron a la tercera edad. Como la alfabetización en dichos idiomas no era una política de Estado entonces aquella experiencia ha resultado aislada como cualquier experiencia.

 

En ese entonces no había materiales de lectura en aymara y quechua. Ahora que, en alguna medida, ya hay libros, periódicos y textos. A falta de la costumbre de leer, se está en lo mismo como si aquella lluvia no hubiese mojado profundo a todos. Una sola prueba: la edición de libros enteramente escritos en lenguas indígenas no son adquiridos por la población hablante de dichas lenguas. Ni el castellano tuvo suerte.

 

Si se pone en una página, dos columna paralelas, uno en castellano y la otra en aymara o quechua, mucha gente sabiendo dichas lenguas optan leer, aunque mal, el del castellano. Eso pasó en las experiencias de educación bilingüe del Perú y Bolivia. ¿Qué pasa entonces?

 

Nuestras conclusiones se basan en la experiencia. Hemos publicado más de cuatrocientos números de periódicos indígenas entre JaymaJayma-Presencia y Kimsa-Pacha-La Prensa. Muy pocos leen. Los más se aburren apenas iniciado la lectura en lenguas mencionadas. Las causas son evidentes: no hay programas de pos-alfabetización, no hay escritores que escriban aymara y quechua como para leerse de un santiamén y no hay tradición de lectura.

 

¿Cómo lograr la tradición de lectura? Ese es el dilema para esta era. El escribir bonito no es suficiente para lograr la tradición de lectura. Falta algo más. Ya dijimos, no tenemos escritores, solo lingüistas que son buenos para analizar y perorar sobre ella en castellano. Ellos no escriben en aymara. Al contrario, ellos complican la escritura cuando se pelean como tontos por la forma antes que por el fondo.

 

Revisada la idiosincrasia cultural y lingüística indígena, se comprueba que es una cultura oral, desde tiempos inmemoriales. Los antiguos amerindios han manejado otro tipo de escritura, quizá una jeroglífica, ideográfica u otra. En la era colonial los hispanos desconocían los sistemas de escritura andinas. Los españoles por motivos coloniales no difundían el mecanismo de la escritura de su idioma a los sometidos. Aprendían y escribían en aymara, quechua y puquina para evangelizar. Así que en materia de escritura de lenguas indígenas, en toda la colonia, no se enseñaba esa tecnología a los vencidos

 

Por lograr la tradición oral acudimos a los cuentos de engaños que causan gran revuelvo social en nuestros medios. Estos cuentos, en las sociedades indígenas, corren parejo con el chisme, son más rápidos que el viento. Y, como es un pueblo eminentemente comunitario, el cuento o la historia del otro les interesa de sobre manera. Interesa el otro porque la reciprocidad se hace con el otro en donde éste es el motor. Entonces los problemas ajenos les interesan, no para reírse de ellos sino para asombrarse, lamentar, y para aprender de su moraleja. Con todo, en principio, estas historias extra maritales causan gran sorpresa en las sociedades indígenas. Y esa fuerza debe ser encausada para conseguir la tradición de lectura. Se ha recogido ese tipo de cuentos para lograr tradición de lectura. Ojalá resulte.  Porque de lograse la tradición de lectura y escritura en dichas lenguas será el despertar y acción inmediata para la dinamización y recuperación de las lenguas indígenas.



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